lunes, 20 de abril de 2026

eje

 Hay momentos en los que, cuando algo se rompe adentro,

lo único que aparece con claridad
es la necesidad de un abrazo tuyo. 

No de cualquiera.
Tuyo. 

Como si en ese gesto
pudiera ordenar todo lo que no entiendo. 

Porque hay algo que no logro acomodar. 

Sé lo que está pasando.
Lo veo venir.
Lo reconozco incluso antes de que ocurra. 

Y aun así… me quedo. 

Y aun así… me duele. 

No me gusta llamarlo ingenuidad.
No me gusta sentirme víctima. 

Porque no lo soy. 

Entonces, ¿qué es esto? 

¿Qué nombre tiene ese impulso
de querer ser querida…
incluso cuando algo no alcanza? 

Y ahí es donde apareces tú. 

No como respuesta,
sino como referencia. 

Porque hay cosas tuyas
que aprendí sin darme cuenta. 

Formas de cuidar.
De estar.
De sostener sin hacer ruido. 

Y quizás por eso,
sin proponérmelo,
termino buscando algo parecido. 

Alguien que resuelva.

Que no complique lo esencial.
Que esté presente cuando algo se quiebra. 

Que entienda que cuidar
también es una forma de amar. 

Pero no basta. 

Porque sentir atracción,
sentirse querida…
no es suficiente para quedarse. 

Y eso es lo difícil. 

Que quienes nos quieren
no siempre son quienes logramos querer. 

Y en medio de todo eso…
también te veo a ti.

Y sé que, aunque amas,
aunque das,
aunque estás…

también hay algo que te falta. 

Algo que no se dice,
pero pesa. 

Y entonces la pregunta cambia: 

¿será que hubo algo antes?
¿algo que no vimos…
pero que nos marcó a los dos? 

Aun así,
hay algo que nunca cambia. 

Sigues siendo mi lugar seguro. 

La persona a la que volvería
sin pensarlo
cuando todo se desordena. 

Y aun así,
hay días como hoy… 

en los que me siento vacía.
Cansada.
Como si algo en mí
se hubiera desgastado. 

Y en medio de eso…
sigues estando. 

Sin ruido.
Sin exigencia. 

Solo estando. 

Por eso lo tengo claro: 

Si algún día elijo quedarme con alguien,
si algún día construyo algo real… 

tiene que ser con alguien
que entienda lo que significa sostener. 

No desde la comparación.
Sino desde la altura. 

Porque el amor que elija… 

tiene que ser digno
de verme llegar
tomada de tu mano. 

sábado, 18 de abril de 2026

catarsis

Hay días como hoy
en los que la nostalgia no llega por lo que se fue,
sino por lo que sigue…
pero nunca termina de estar.

Y eso es peor.

Peor es extrañar lo que todavía respira,
pero se escurre entre las manos
como si nunca hubiera sido realmente mío.

Hoy me pesa esta sensación
de haber querido darlo todo,
de haberme abierto sin medida,
mientras algo en mí —muy adentro—
ya sabía que no iba a ser correspondido.

Y aun así lo hice.

Me quedé, insistí, ofrecí.
Como si amar más
fuera a cambiar algo.

Vivo con esta sed absurda
de demostrar lo que soy capaz de dar,
de desnudar mi alma
frente a alguien
que nunca tuvo la intención de mirarla.

Y entonces llegan las dudas.

Silenciosas, pero constantes.

¿Fuiste sincero alguna vez?
¿O fui yo quien decidió creer?
¿Me estoy volviendo como tú…
o esto es el resultado de haber ignorado tantas señales?

A veces pienso que es una especie de castigo,
una limpieza dolorosa
de todo lo que no supe ver a tiempo.

No debí abrirte mi casa.
No debí hacerte real en mi mundo.
No debí pronunciar tu nombre
como si significara algo más.

Y, sobre todo,
no debí soltarte el corazón
con esa facilidad.

Aunque ahora…
lo sienta de regreso,
golpeado, sí,
pero otra vez mío.

Porque tú…

tú fuiste un vicio.

Y lo más cruel
es que aún puedo nombrar todo lo que me atrapó:
tu cuerpo,
tus labios,
tus besos,
tu fuerza…

pero también tu indiferencia,
tu distancia calculada,
esa forma tuya de dominar sin quedarte.

Y duele reconocer
que todo eso que me hería
era exactamente lo que más me atraía.

Pero no fui ingenua.

Vi el momento exacto
en que decidiste no elegirme.
Vi cómo tomaste lo que querías,
cómo te quedaste hasta llenarte…

y cómo, cuando ya estabas bien,
simplemente me dejaste atrás.

Como si yo hubiera sido un lugar de paso.

Y no.

No voy a cargar con esa historia mal contada.

El problema no soy yo.
Nunca lo fui.

Yo sé lo que di.
Sé lo que ofrecí sin reservas.

El problema eres tú:
tu incapacidad de ser claro,
tu cobardía para cerrar lo que empiezas,
tu necesidad de dejar que otros hagan el trabajo sucio por ti.

Esperabas que yo terminara esto.
Que yo cargara con la culpa.
Que yo fuera la que se fuera.

Pero no.

No esta vez.

No voy a darte esa salida fácil.
No voy a regalarte mi dignidad
para que puedas seguir fingiendo que no hiciste nada.

Me hiciste aprender.

A la fuerza, sí,
pero aprendí.

Aprendí a ver,
a leer entre gestos,
a no confundirme con migajas disfrazadas de afecto.

Me hiciste tu mejor estudiante.

Y ahora…
ahora soy más peligrosa en lo que entiendo,
más fría en lo que permito,
más clara en lo que merezco.

Ya no soy la misma.

Ahora soy sagaz.
Ahora soy más inteligente.

Y esta vez,
el final
lo escribo yo.

domingo, 5 de abril de 2026

sixteen

Sí, me da miedo desbordarme.

Me da miedo no reconocerme
cuando estoy sin defensas,
cuando bajo la guardia
y dejo de calcular cada palabra,
cada gesto.

Me da miedo que un día mi forma de sentir
te parezca demasiado,
que la mires desde lejos
y te burles de lo que soy
cuando no estoy protegida.

Me da miedo no saber sostenerme
si llega la decepción.

Pero aun así…

aun así, me rehúso a pensar mal de ti.

Porque hay algo en ti
que me desarma sin violencia.

No puedo ignorar la forma
en que hablas de mi vida,
como si ya la cuidaras
desde un lugar suave,
serio… real.

No puedo ignorar
cómo me buscas en las noches,
como si dormir juntos
no fuera costumbre,
sino refugio.

Como si mi cuerpo
también fuera descanso para ti.

No puedo ignorar
cómo me sostienes…

esa mezcla exacta
entre firmeza y fuerza,
que no invade,
pero tampoco duda.

Y entonces…

elijo quedarme aquí.

En esto que empieza a crecer
sin pedir permiso.

Quiero seguir queriéndote.

Quiero dejar de medir lo que doy
y simplemente darte.

Quiero aprenderte,
en lo evidente
y en lo que escondes.

Quiero conocer tus silencios
sin sentir que tengo que llenarlos.

Quiero ser ese lugar
al que vuelves
cuando algo te pesa,
donde no tienes que explicarlo todo
para ser entendido.

Quiero que pienses en mí
como tu mujer…

no desde la posesión,
sino desde la elección diaria.

Quiero ser tu soporte,
tu pausa,
tu impulso.

Y también quiero que tú
seas eso para mí.

Quiero sentirme viva en esto,

con hambre…

hambre de crecer contigo,
de construir,
de tener más,
de ser más.

No desde lo que falta,
sino desde lo que se expande.

Ser poderosa a tu lado,
no detrás de ti.

Ser tu base
y tu escudo,

sin dejar de ser
mi propio territorio.

Y sí…

quiero que seamos de esos
que no pasan desapercibidos.

No por ruido,

sino por presencia.

De los que se sienten
cuando entran a un lugar,

porque hay algo entre ellos…

algo vivo,
intenso,
inevitable—

que no se puede fingir.

eje

 Hay momentos en los que, cuando algo se rompe adentro, lo único que aparece con claridad es la necesidad de un abrazo tuyo.  No de cualq...